Rescatado del abandono en Ultra Sierra Nevada 2026

Otra vez el ascenso a Sierra Nevada me ha vuelto a poner en mi sitio. No valen las excusas de que, como vivo en Fuenlabrada y no tengo "positivos", la última parte del Trail de Ultra Sierra Nevada se me hiciera bola por segunda vez. Y es que no: esto va de experiencia y del tan conocido "ensayo-error".

Creo que esto daría para una serie de vídeos, pero la verdad es que el tema "vídeos" ya me tiene un poquito hasta las zapatillas. Razón por la cual he vuelto al teclado (así lo lee el que verdaderamente está interesado). Supongo que habrá más de una reflexión con respecto a mi cuarta edición en Ultra Sierra Nevada; es que, como dije en una historia de Instagram, parece que esta carrera juega conmigo: un año bien, otro mal, y así consecutivamente.

Uf... Cómo me ha podido joder tanto pinchar otra vez pasado Pinos Genil. Parece que no aprendo la lección. En 2024 me salté el avituallamiento y la última parte se me hizo eterna, algo que solucioné perfectamente en 2025 bajando casi de las dos horas. Pero este 2026, ¡ale!, otra vez. Esta vez por no cambiarme de ropa y quedarme congelado antes de comenzar a ascender las famosas ZETAS previo a llegar al penúltimo avituallamiento: EL DORNAJO.

Recuerdo cómo se me caían las lágrimas al ver a Claudia Tremps en la edición de Transgrancanaria 2026 no poder más y no querer terminar; cómo le decía a su marido que no le entraba nada de comida, cómo no podía mover su cuerpo, cómo le era imposible continuar... Joder, solo le quedaban unos 20 kilómetros y ya llevaba más de 80 en las piernas. Creo que tod@s los que veíamos el streaming pensábamos lo mismo: "Ya está hecho".

Eso mismo me pasó, salvando las distancias claro, cuando en el kilómetro 50, en el avituallamiento de EL DORNAJO, le dije a Criss que no quería seguir, que no podía. Solo tenía ganas de vomitar; todo lo que me llevaba a la boca se me hacía bola y tenía que echarlo. El cuerpo solo quería agua, fruta y parar. Solo parar.

—César, siéntate, para, bebe agua y piensa. Es como esos entrenamientos que haces conmigo de 10 kilómetros; solo te queda eso y tú no eres de rendirte. Eres muy cabezota y estoy segura de que vas a cruzar de nuevo esa meta.

Espera, he tenido que parar un poco después de recordar ese momento... Otra vez la misma puta historia. Otro año más sentado ahí porque el frío se me metió en todo el cuerpo y era incapaz de subir las putas ZETAS, teniendo que pararme cada 10 metros porque el cuerpo solo pedía parar y parar. Pero, otra vez, allí estaba el mejor avituallamiento: ELLA.

Dos horas después —porque los 13 últimos kilómetros (sí, 13 putos kilómetros con casi 600 positivos) se hicieron interminables, con unos falsos llanos de casi cuatro kilómetros y un cambio de recorrido ocasionado por las lluvias caídas meses atrás que nos llevaron a Monachil—, además de SÚPER SUBIR, tuvimos que SÚPER BAJAR.

Nueve horas y cincuenta y cinco minutos después, estaba llegando a la meta de Pradollano a todo lo que daba, con todas las ganas del mundo de llegar, de poder parar ya y de no volver a correr nunca jamás. Pero... sus palabras volvieron a fluir:

—¿Qué? La repetirás el año que viene, ¿a que sí?

Cuando piensas que sabes de algo, ¡ZAS!, vuelves a una de las casillas de salida de la vida para empezar de nuevo. Eso sí, con más experiencia.

A ti, Criss... ¡¡¡GRACIAS!!!

🏋‍♂️  César Millán




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